Black Mirror: Take One

Artículo con SPOILERS de la Primera Temporada

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En Diciembre de 2011, se nos regaló una de las piezas televisivas mas insólitas e inesperadas de los últimos años. Una producción británica de tres episodios, destinada directamente a ser serie de culto y a ser estudiada por sociólogos y comunicadores.

“Black mirror”, no fue en su aparición un producto que pretendiera denunciar nada, ni aleccionarnos, ni siquiera advertirnos, fue una reflexión profunda y también un ejercicio de elocubración acerca de la influencia que comenzaban entonces a tener las nuevas tecnologías en nuestra vida, el modo en el que la condicionaban, y las posibles consecuencias a corto y medio plazo que esta vorágine tecnológica podía hacernos seguir (o no). Cinco años después, esa realidad distópica está cada vez más cerca.

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Primera Parte: La audiencia ha decidido…

El primer capítulo parte de una esperpéntica premisa: La princesa ha sido secuestrada, y el autor exige para su liberación, que el Primer Ministro tenga relaciones sexuales con un cerdo en una emisión televisada en directo para todo el país.

Lo que en un principio parece una locura (a David hoy en día, Cameron seguro que no tanto), con el paso de los minutos, se convierte en algo perfectamente factible gracias a la presión de la opinión pública, manipulada por un secuestrador y unos medios que ejercen el poder directo en las acciones de su gobierno a través de las redes sociales y los sondeos de popularidad. Es decir, la dictadura de la democracia.

El episodio, duro como un puñetazo en el estómago, aborda varias cuestiones, como son el descontrol que para los gobiernos supone la red Internet, donde las noticias y rumores, así como todo tipo de material se propaga a la velocidad de la luz sin cortapisas, y la dependencia que tienen de satisfacer a una audiencia tirana y caprichosa que les puede permitir o no continuar en el poder.

En ese sentido, nos muestra un lado desconocido de la política. Ése en el que los servidores del Estado o siervos del Poder, se ven obligados a hacer de todo por su electorado, incluso perder a su familia.

En la cinta, no se salva nadie, ni el Primer Ministro, que renuncia a sus principios como ser humano, ni sus asesores que lo único que quieren es seguir chupando del bote, ni la prensa, que con tal de conseguir una exclusiva, son capaces de matar o ser matados. Y mucho menos la sociedad. Porque si espeluznante resulta el desarrollo de la historia, más lo es si cabe la conclusión, donde todo el mundo parece mirar a otro lado, en lo que comienza a ser una seña de identidad de esta humanidad: “Si no va conmigo, sigo andando”.

Para acabar, y tras conocerse al responsable de todo, una última y velada crítica al concepto de arte y a los límites sobre lo que se considera arte o no, y sobre quien lo considera y quien lo acepta como tal.

¿Lúcida reflexión dond elas haya, sobre esta absurda y descabezada civilización occidental, abocada al autoexterminio?

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Segunda Parte: La mediatización de la protesta

La segunda historia (mi favorita) transcurre en un futuro cercano en el que las personas nos hemos convertido exclusivamente en máquinas de producir y consumir. Todos los seres humanos físicamente aptos, pasan sus días en una bicicleta (una especie de trabajo) pedaleando y produciendo mientras disfrutan de diversos canales de entretinimiento alienantes que les amenizan el esfuerzo físico. Esos canales de televisión, así como cada acción diaria (alimento, pasta de dientes, etc…) son de pago, lo que les obliga a seguir pedaleando para poder seguir subsistiendo y consumiendo. Es más, en sus celdas de descanso compuestas por paredes que son pantallas de televisión, el descando de algunos canales y promociones también se consigue pagando.

El consumo infinito, sueño húmedo del capitalismo feroz, convertir a la especie humana en pilas alcalinas y venderles el aire.

¿Cómo se sale de esa esclavitud? Pues como todo, hacia arriba y hacia abajo. Cuando un trabajador no produce lo suficiente o es gordo, es degradado a limpiador. Cuando alguien reúne una cantidad sufieciente de créditos, puede participar en un “talent show” donde si eres elegido, puedes acabar dejando la bicicleta por un plató de televisión.

El punto de partida, pone el dedo en la llaga del consumo actual, donde nos esclavizamos cada vez más, para cubrir necesidades materiales que nos crean o nos creamos de forma artificial y aleatoria. Hasta hace unos pocos años o meses, era normal encontrarse a alguien que tenía dos trabajos para poder pagarse un automóvil por encima de sus posibilidades, o una segunda vivienda de vacaciones. Ahora con la recesión, llega la posibilidad de un cambio de rumbo que nos aleje del modelo “orwelliano” similar al mostrado en este episodio, y nos haga pararnos a pensar hacia donde nos dirigimos.

¿Es necesario poseer una vivienda para vivir? ¿Y una Tablet o un iPhone? ¿Y televisión de pago? ¿Verdaderamente el único poder que le queda ya al pueblo es decidir quién es expulsado cada semana de la casa de “Gran Hermano”?

El otro punto de interés del capítulo, es el que se centra en la historia de los dos protagonistas. Uno de ellos, sacrificará todos sus principios morales y dignidad (al igual que el Primer ministro del episodio anterior) por alcanzar la popularidad; el otro, incorruptible, será seducido de una forma mucho más mezquina mediatizando su actitud y convirtiendo su rebeldía en un producto vendible. Una forma diferente de comprar el alma de un indignado.

Y no es gratuita esta afirmación, pues nos retrotrae la manipulación mediática que se hizo del movimiento 15-M, donde una movilización ciudadana se acabó vendiendo como (o convirtiendo en) una fiesta de perroflautas de imposible identificación con el ciudadano medio, facilitando así su extinción o disolución como movimiento masivo y general, que podría haber puesto en peligro el sistema.

Si al que protesta le acabamos convirtiendo en un programa de televisión, un producto para aliviar la conciencia y seguir bajando la cabeza, el triunfo será total. Al final es tan simple, como que el propio sistema crea una forma de asimilar las avergencias que puedan surgir en su seno.

100% Matrix.

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Tercera Parte: Cuando tú lo controlas todo

La tercera y última historia, se centra en un futuro inmediato y en el viejo sueño de poder manipular y controlar nuestros recuerdos, a través de un implante cerebral; un chip, conocido como “El grano”.

Convertido en el último objeto de deseo consumista, nos crea una falsa sensación de control sobre nuestras vidas y la de los demás (¿Alguien ha dicho Facebook?), y esa peligrosa ilusión, al final termina con la intimidad y la libertad, puesto que desata un aún mayor deseo de control sobre la vida de los demas, al tener un acceso físico viable a esos recuerdos de los otros.

En la historia, esa lucha por obtener acceso a la intimidad del otro, destruye un matrimonio y crea unas psicopatías que no son tan lejanas como pueda parecer. Y es que conozco ya más de un caso en el que una persona dedica parte de su tiempo libre a monitorizar los perfiles de las redes sociales de su pareja, en busca de amistades sospechosas o actividades fuera de su conocimiento.

Aunque ésta es la más aburrida de las tres piezas, quizás es la que plantea unas cuestiones más cercanas al espectador, sobre cuestiones como autoconfianza, necesidad de posesión de las personas amadas o autoestima. Y pone también el acento sobre una terrible realidad en la que ya estamos inmersos, la conversión de nuestras vivencias en contenidos para ser autoconsumidos con posterioridad. ¿Qué es mas importante ya, la fiesta, o las fotos que se hacen en la fiesta para subirlas al día siguiente a Facebook o Instagram y comentarlas?

Tú vida ahora es digital. ¿Es eso un valor añadido?

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Y ésto fue sólo el principio

La primera temporada, fue en su momento (y sigue siéndolo a día de hoy), una de las propuestas más inquietantes e interesantes de la televisión reciente, con una puesta en escena sobria y visualmente atractiva a la vez, que la hizo más que recomedable.

Después le seguiría una segunda temporada no menos inquietante e interesante, y un especial de navidad protagonizado por John Hamm (ambos disponibles también en Netflix España) épico.

La tercera temporada, ya se está rodando con el dinero de Netflix, y tendrá un estreno global a finales de año o comienzos de 2017, con un elenco plagado de estrellas delante y detrás d elas cámaras, y el showrunner responsable de esta pequeña joya moderna: Charlie Brooker.

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Un comentario en “Black Mirror: Take One

  1. Gran serie que nos hace reflexionar sobre como podria ser un futuro tecnologico. Esperando mas capítulos me quedé. El capítulo de la mujer con el marido robot, me hizo gracia en la pequeña crítica oculta referente al inconformismo de las mujeres referente a los hombres.

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